jueves, 24 de abril de 2008

PENSAMIENTOS


Cuando la convivencia es obligada y la cercanía demasiada, la solución de los conflictos suele viajar por campos inapropiados. Me refiero al acinamiento y a la sobrepoblación de los grandes nucleos urbanos, donde los principios básicos de respeto a las mínimas normas de convivencia se ven anuladas por los escesos en todo. En los grandes Centros Comerciales sobran clientes. En las calles sobran peatones. En las carreteras sobran coches. En los hospitales sobran enfermos. En los estadios sobran espectadores. Y, aunque suene duro e inhumano sobramos hombres y mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas. Y si sobramos seguramente seremos maltratados, tanto con intención como sin darse cuenta por parte aquellos que tienen que ejercer el liderazco y la autoridad. Es tan duro el sistema de acinamiento que hasta en algunos cementerios falta sitio para los muertos y, hasta en estos lugares reina la ley de la oferta y la demanda.
En un mundo así, de sobrepoblación, del GRAN COMERCIO MUNDO, donde todo se puede comprar y vender y donde todo está a la venta, los derechos humanos no pueden tener vigencia, aunque la mayoría de estas poblaciones fueran ciudadanos de buena voluntad, porque en la sobrepoblación está la propia injusticia del respeto mínimo que se le debe a nuestros convecinos.
Sin dinero no eres persona y para conseguirlo, porque sino que pintas en el GRAN MERCADO MUNDO, vale casi todo. Y esto es lo tremendo.
La trampa del capitalismo absoluto está en su propia raiz.

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